Apicultura en la Sierra del Moralejo de Estepa con colmenas y paisaje mediterráneo

Apicultura · Sierra del Moralejo · Estepa · Desde el colmenar™

Apicultura en la Sierra del Moralejo: trabajar con las colmenas y el territorio

Practicar apicultura en la Sierra del Moralejo no consiste únicamente en tener colmenas en un lugar determinado.

Significa trabajar pendiente de las floraciones, la lluvia, el calor, el viento, la entrada de polen y la respuesta de las colonias durante cada campaña.

En pocas palabras: nuestra apicultura en la Sierra del Moralejo parte de una idea sencilla: las decisiones del colmenar tienen que adaptarse a lo que realmente está ocurriendo en el campo y dentro de las colonias, porque ninguna temporada se comporta exactamente igual que la anterior.

Contenido de esta guía
  1. Un territorio apícola de Estepa
  2. Cada campaña es diferente
  3. Cómo leemos el campo antes de abrir una colmena
  4. Qué buscamos cuando revisamos las colonias
  5. Qué papel tienen las floraciones
  6. Lluvia, calor, viento y meteorología
  7. Floración no significa cosecha
  8. Qué relación tiene el paisaje con el oficio
  9. Dónde encaja la biodiversidad
  10. Desde el colmenar™
  11. Preguntas frecuentes

Un territorio apícola dentro de Estepa

La Sierra del Moralejo forma parte del entorno donde trabajamos y observamos nuestras colmenas.

Es un paisaje mediterráneo en el que aparecen:

  • matorral;
  • plantas aromáticas;
  • vegetación espontánea;
  • cultivos;
  • laderas;
  • lindes;
  • y floraciones que cambian con cada campaña.

Todo eso condiciona el trabajo apícola.

Pero esta página no pretende explicar nuevamente qué es la Sierra del Moralejo.

Para conocer primero el territorio puedes visitar: Sierra del Moralejo →

En apicultura, cada campaña empieza casi desde cero

Podemos conocer una zona durante años y seguir encontrándonos con temporadas completamente distintas.

Una primavera puede llegar con agua y floraciones prolongadas.

Otra puede empezar prometiendo mucho y frenarse después por calor, viento o falta de humedad.

Por eso trabajamos con calendarios orientativos, pero nunca como si fueran contratos firmados con el campo.

La fecha ayuda a orientarse. La colmena y el campo dicen lo que está ocurriendo de verdad.

Cómo leemos el campo antes de abrir una colmena

Parte del trabajo comienza antes de levantar una sola tapa.

Al llegar al colmenar observamos:

  • qué plantas están floreciendo;
  • cómo está el terreno;
  • si ha llovido recientemente;
  • la temperatura;
  • el viento;
  • la intensidad de vuelo;
  • y la entrada de polen.

Son señales.

No sustituyen una revisión interior, pero ayudan a situar lo que podemos encontrarnos dentro.

Después abrimos la colmena y comprobamos si esa primera lectura era acertada.

Qué buscamos cuando revisamos las colonias

Una revisión no consiste únicamente en comprobar si hay miel.

Nos interesa entender cómo está funcionando la colonia en ese momento.

Entre otras cosas observamos:

  • su desarrollo;
  • la presencia y distribución de reservas;
  • la entrada de alimento;
  • la evolución de la cría;
  • el espacio disponible;
  • y la respuesta general de las abejas a la campaña.

Esa información se interpreta junto con lo que está ocurriendo fuera.

Una colonia no puede entenderse correctamente sin mirar también el territorio.

Las floraciones marcan el ritmo, pero no mandan solas

Romeros, tomillos y otras plantas mediterráneas forman parte del paisaje que utilizan las abejas.

Pero una planta en flor no garantiza automáticamente una entrada importante de néctar.

Hay que distinguir entre:

  • que una planta esté presente;
  • que esté floreciendo;
  • que produzca recursos aprovechables;
  • que las condiciones permitan a las abejas volar;
  • y que la colonia pueda aprovechar esa oportunidad.

Por eso nunca damos una campaña por hecha simplemente porque el campo tenga buen aspecto.

Para conocer específicamente las plantas del territorio puedes consultar: flora melífera de Estepa →

Lluvia, calor y viento también son apicultura

Una gran parte del oficio consiste en trabajar con variables que no controlamos.

La lluvia

Puede favorecer el desarrollo de la vegetación y determinadas floraciones.

Pero una lluvia intensa durante la propia floración también puede reducir los días de vuelo.

El calor

Puede acelerar o acortar determinadas floraciones y aumentar las necesidades de agua de las colonias.

El viento

Puede dificultar el vuelo incluso cuando aparentemente hay buenas flores disponibles.

La temperatura

Condiciona tanto la vegetación como la actividad exterior de las abejas.

Por eso la misma floración puede comportarse de manera muy distinta entre dos años.

Una buena floración no siempre termina en cosecha

Esta es una de las ideas más importantes de la apicultura real.

Una floración puede ser muy buena para el desarrollo de una colonia y no generar excedente suficiente para cosechar.

Las abejas necesitan primero cubrir sus propias necesidades.

Solo cuando existe un excedente real tiene sentido hablar de cosecha.

No toda floración tiene que acabar en un tarro.

En algunas campañas, dejar que ese recurso permanezca en la colonia puede ser mucho más importante que intentar convertirlo en producción.

El paisaje forma parte del oficio apícola

La apicultura se suele representar con una persona trabajando frente a una colmena.

Pero buena parte del trabajo está ocurriendo fuera de esa imagen.

Las abejas utilizan recursos repartidos por el territorio.

Y esos recursos aparecen, desaparecen y cambian según:

  • la estación;
  • la meteorología;
  • el suelo;
  • el uso agrícola;
  • y la propia evolución del paisaje.

Por eso nuestra forma de entender la apicultura incluye aprender a leer aquello que ocurre alrededor de las cajas.

Qué papel tiene la biodiversidad en nuestra apicultura

Las abejas melíferas comparten territorio con muchas otras especies.

Las flores pueden ser utilizadas también por:

  • abejas silvestres;
  • abejorros;
  • mariposas;
  • sírfidos;
  • y otros insectos.

Además, aves, murciélagos, reptiles y otros animales forman parte del mismo paisaje.

Pero esta página no necesita desarrollar todo ese ecosistema.

Para eso tenemos contenidos específicos:

biodiversidad de la Sierra del Moralejo →

colmenas y biodiversidad →

Observar primero y decidir después

Una campaña apícola obliga continuamente a corregir expectativas.

El hecho de que el año anterior una floración fuera importante no significa que vaya a repetirse.

Y que una zona haya producido una determinada miel tampoco garantiza que vaya a hacerlo al año siguiente.

Por eso intentamos trabajar desde la observación:

  • ver qué está ocurriendo fuera;
  • comprobar qué está ocurriendo dentro;
  • y tomar decisiones a partir de ambas cosas.

🐝 El calendario orienta; las abejas confirman

Podemos conocer bien las fechas habituales de una floración, pero la decisión apícola debe responder siempre a la campaña real.

Qué relación tiene este trabajo con nuestras mieles

Las mieles que cosechamos dependen de los recursos que las abejas hayan utilizado realmente.

Eso significa que una partida concreta puede cambiar respecto a otra campaña.

Color, aroma, textura y perfil sensorial pueden variar porque también cambian las floraciones y las condiciones del año.

Pero no atribuimos toda nuestra producción a la Sierra del Moralejo ni damos una variedad por hecha antes de observar la cosecha real.

Trabajamos con distintos asentamientos y hacemos trashumancia.

Para conocer cómo tratamos posteriormente cada partida puedes visitar: Miel de Verdad →

Desde el colmenar™: las abejas no trabajan con previsiones

Soy Teo.

Puedes llegar al campo convencido de que una floración va a ser protagonista y salir unas semanas después con una historia completamente distinta.

Un año el agua llega a tiempo.

Otro llega tarde.

Una primavera el monte arranca con fuerza y otra se frena antes de lo esperado.

Y eso termina apareciendo dentro de las colmenas.

Por eso una de las cosas que más me ha enseñado la apicultura es a no dar nada por hecho.

Primero miramos el campo. Después miramos las abejas. Y entonces intentamos entender qué campaña tenemos delante.

Eso, para mí, es buena parte del oficio.

— Teo, La Colmena de Teo

Preguntas frecuentes sobre la apicultura en la Sierra del Moralejo

¿Dónde se practica esta apicultura?

La Sierra del Moralejo forma parte del entorno de Estepa donde La Colmena de Teo trabaja y observa sus colmenas.

¿Qué hace diferente la apicultura en este territorio?

El trabajo se adapta a un paisaje mediterráneo con floraciones, sequía, lluvia, calor y una gran variabilidad entre campañas.

¿Qué plantas utilizan las abejas?

Depende de la época y de la campaña. Entre las plantas presentes en el entorno aparecen romeros, tomillos y otras especies mediterráneas y silvestres.

¿Una buena floración garantiza una cosecha?

No. La cantidad de recurso disponible, la meteorología y el estado de la colonia determinan si existe o no excedente suficiente para cosechar.

¿La Sierra del Moralejo produce siempre las mismas mieles?

No. Las floraciones y las condiciones cambian entre años, por lo que ninguna variedad debe darse por garantizada antes de conocer la cosecha real.

¿Toda la miel de La Colmena de Teo procede del Moralejo?

No. Trabajamos con distintos asentamientos y hacemos trashumancia, por lo que cada partida tiene que relacionarse con su ubicación y campaña concretas.

¿La biodiversidad forma parte del trabajo apícola?

Sí, porque las colmenas dependen de un territorio mucho más amplio, aunque la biodiversidad del Moralejo se desarrolla específicamente en otra de nuestras guías.

¿Las fechas de floración son siempre iguales?

No. Son orientativas y cambian según lluvia, temperatura, altitud, especie y condiciones concretas de cada año.

En resumen: hacer apicultura en la Sierra del Moralejo significa adaptar el trabajo a una campaña real: observar el paisaje, comprobar cómo responden las colonias y tomar decisiones sin dar por garantizadas ni las floraciones ni las cosechas.

↑