Desde el Colmenar™ · La vida de la colonia
Una obrera puede pasar buena parte de su vida trabajando para una colonia que continuará cuando ella ya no esté. Cuidará cría, procesará alimento, construirá panal o saldrá a recolectar recursos que también aprovecharán otras generaciones.
Y eso plantea una pregunta fascinante:
¿Por qué una abeja trabaja para otras que todavía no han nacido?
Para entender la respuesta hay que hacer algo aparentemente sencillo: dejar de mirar durante un momento a una abeja y empezar a mirar a la colmena entera.
Una abeja dura semanas. La colonia puede durar años.
Cuando observamos una piquera vemos individuos.
Una abeja entra cargada de polen. Otra sale. Otra permanece vigilando. Algunas trabajan dentro sobre los panales y otras regresan con néctar o agua.
Pero esas abejas no estarán ahí para siempre.
La vida de una obrera depende enormemente de la época, de su actividad y de las condiciones de la colonia. Durante la temporada de mayor actividad, las obreras pueden vivir apenas unas semanas. Las generaciones adaptadas a atravesar el invierno, en cambio, pueden vivir varios meses.
Mientras unas mueren, otras nacen.
Y, sin embargo, nosotros seguimos diciendo: “esta colmena”.
Ahí empieza lo interesante.
La colonia continúa aunque cambien sus abejas
Pensemos en una colmena que observamos en primavera.
Volvemos semanas después y sigue en el mismo lugar. Tiene su reina, sus panales, cría, reservas y miles de obreras.
Aparentemente es la misma colonia.
Pero una parte importante de las obreras que vimos la primera vez puede haber desaparecido y haber sido sustituida por nuevas generaciones.
La colonia mantiene una continuidad que sus individuos no tienen.
Las abejas cambian. La colonia continúa.
Esta diferencia es fundamental para comprender muchas cosas que ocurren dentro de una colmena y que resultan extrañas si pensamos solamente desde el punto de vista de una abeja individual.
Nadie le entrega a cada abeja una lista de tareas
Dentro de una colonia hay muchísimo trabajo que hacer.
Hay que atender la cría, limpiar y preparar celdillas, construir y reparar panales, recibir y procesar alimento, mantener unas condiciones adecuadas dentro del nido, defender la entrada y recolectar néctar, polen, agua y otros recursos.
Las obreras presentan una división del trabajo relacionada en buena medida con la edad. En términos generales, las más jóvenes desarrollan principalmente trabajos dentro del nido y posteriormente aumenta la probabilidad de que realicen tareas exteriores como la recolección.
Pero esto no funciona como un calendario rígido.
Una abeja no cumple cierta edad y recibe automáticamente un nuevo cargo. La organización es flexible y responde también a la composición y a las necesidades de la colonia.
Si cambia la situación del grupo, las obreras pueden modificar cuándo realizan determinadas funciones.
Una obrera no necesita ver el futuro para trabajar para él
Aquí aparece una confusión muy humana.
Cuando decimos que una abeja trabaja para otras que todavía no han nacido, puede parecer que estamos atribuyéndole una intención:
como si una recolectora supiera que está trayendo néctar para alimentar a una generación futura.
No necesitamos suponer nada parecido.
Las obreras responden a señales, estímulos, necesidades y mecanismos biológicos que forman parte del funcionamiento de la colonia.
El resultado colectivo es lo extraordinario.
Una generación puede cuidar a la siguiente. Puede construir las celdillas donde se desarrollará. Puede mantener el nido donde crecerá. Y puede participar en la creación de reservas que seguirán disponibles cuando muchas de aquellas obreras ya hayan muerto.
No hace falta que una abeja conozca el futuro para que su trabajo forme parte de él.
La cría es quizá el ejemplo más evidente
Una larva no puede alimentarse sola.
Durante su desarrollo depende completamente de la colonia. Otras obreras atienden la cría y proporcionan los cuidados necesarios para que esa nueva generación pueda desarrollarse.
Es decir: una generación mantiene literalmente las condiciones que permiten aparecer a la siguiente.
Cuando esas nuevas obreras emerjan, pasarán a formar parte de la misma estructura colectiva.
Trabajarán.
Cuidarán nueva cría.
Mantendrán el nido.
Y algunas terminarán saliendo al exterior a buscar los recursos que necesita la colonia.
El relevo continúa.
Por eso una colmena se parece menos a una multitud de lo que parece
Miles de abejas juntas podrían parecer simplemente miles de animales compartiendo espacio.
Pero una colonia de abejas tiene un nivel de integración mucho mayor.
Hay reproducción organizada alrededor de la reina, división del trabajo, cuidado cooperativo de la cría, intercambio de alimento, regulación del ambiente del nido, defensa y gestión colectiva de recursos.
Esa integración es una de las razones por las que en biología se utiliza el concepto de superorganismo para estudiar las sociedades de abejas.
No significa que una colmena sea literalmente un único animal.
Significa que determinadas propiedades solo se comprenden correctamente cuando observamos el conjunto y no únicamente a cada individuo por separado.
La colonia consigue cosas que ninguna abeja podría conseguir sola.
Una abeja no regula la temperatura de una colmena. Miles coordinadas, sí.
Una sola obrera no puede mantener por sí misma las condiciones necesarias para sacar adelante toda la cría de una colonia.
Tampoco puede construir y mantener todos sus panales, defender el nido, localizar suficientes recursos y almacenar alimento para atravesar periodos desfavorables.
Esas capacidades aparecen a escala colectiva.
Ahí está una de las claves de una colmena: el resultado es mucho mayor que lo que podría hacer cualquiera de sus miembros por separado.
Y eso cambia también nuestra manera de interpretar el comportamiento de cada abeja.
Entonces llegamos a la miel
Imaginemos ahora una floración abundante.
Durante días, miles de recolectoras aprovechan los recursos disponibles. Dentro de la colmena otras obreras participan en la recepción, transformación y almacenamiento del alimento.
Una parte termina convertida en miel almacenada en los panales.
Pasan las semanas.
La floración desaparece.
También desaparecen muchas de aquellas obreras.
Pero la miel puede seguir allí.
Y puede ser utilizada por abejas que ni siquiera habían nacido cuando aquellas recolectoras volaban sobre las flores.
Esta es una de las razones por las que mirar un panal lleno únicamente como “miel almacenada” se queda corto.
Estamos viendo también trabajo de una generación convertido en una posibilidad para las siguientes.
Las abejas no guardan la primavera. Pero casi.
En otra historia de Desde el Colmenar™ partimos precisamente de esta idea.
Una floración es temporal. La miel permite que parte de la energía obtenida durante aquel periodo permanezca disponible mucho después.
Por eso utilizamos una metáfora que, cuanto más observamos una colmena, más nos gusta:
La miel es la forma que tienen las abejas de guardar la primavera para cuando ya no quede primavera.
Si quieres continuar esta historia desde ahí, puedes leer La miel es la forma que tienen las abejas de guardar la primavera .
Después de años abriendo colmenas, empiezas a mirar de otra manera
Cuando trabajas con abejas es inevitable fijarse al principio en los individuos.
En la abeja que trae polen. En la que está naciendo. En la que encuentras sobre una flor. En la reina cuando consigues localizarla entre miles.
Pero con el tiempo empiezas a mirar otra cosa.
Empiezas a mirar la colonia.
Si tiene cría. Si tiene alimento. Si está creciendo. Si tiene espacio. Si mantiene buenas reservas. Si está preparada para lo que viene después.
Y entonces entiendes que muchas de las cosas que hace una abeja solo adquieren todo su sentido cuando las observas formando parte de algo mayor.
Una abeja tiene una vida. Una colonia tiene una historia.
DESDE EL COLMENAR™
Una obrera nace, trabaja y desaparece.
Mientras tanto, otra está naciendo.
Entre ambas quedan panales construidos, cría atendida, alimento almacenado y una colonia que continúa.
Quizá esa sea una de las cosas más extraordinarias de las abejas:
ninguna necesita vivir lo suficiente para ver todo lo que su trabajo ayuda a continuar.
Teo · La Colmena de Teo
Preguntas frecuentes
¿Cuánto vive una abeja obrera?
La longevidad de una obrera varía según la época, su actividad y las condiciones de la colonia. Durante los periodos de gran actividad de primavera y verano puede vivir unas pocas semanas, mientras que las generaciones de invierno pueden sobrevivir varios meses.
¿Todas las abejas obreras hacen los mismos trabajos?
Las obreras realizan diferentes funciones a lo largo de su vida. Existe una tendencia relacionada con la edad: las jóvenes realizan principalmente tareas dentro del nido y las de mayor edad suelen asumir actividades exteriores como la recolección. Sin embargo, este reparto es flexible y puede cambiar según las necesidades de la colonia.
¿Qué significa que una colmena sea un superorganismo?
Es un concepto biológico utilizado para comprender sociedades muy integradas. Muchas propiedades de una colonia de abejas, como la división del trabajo, el cuidado cooperativo de la cría o la gestión colectiva de recursos, se entienden mejor observando al conjunto y no solamente a cada abeja individual.
¿Las abejas saben que están trabajando para futuras generaciones?
No es necesario atribuirles esa intención. Cada obrera responde a mecanismos fisiológicos, estímulos, interacciones sociales y necesidades de la colonia. Es el funcionamiento colectivo el que permite que el trabajo realizado hoy beneficie también a generaciones posteriores.
¿Una abeja puede cambiar de trabajo si la colonia lo necesita?
Sí. La división del trabajo no es completamente rígida. Las colonias presentan plasticidad y las obreras pueden modificar el momento en el que realizan determinadas tareas en respuesta a cambios en la composición o las necesidades del grupo.